¿Sirve de algo odiar a tu ex?

Todos sabemos que odiar no es un sentimiento que nos permita andar ligeros y livianos por la vida. Por muy doloroso o dolorosa que haya sido una experiencia sentimental, igual que hay ciertas emociones que nos empujan y guían en la vida, otras, casi sin saberlo, nos anclan en el pasado y nos dificultan avanzar.

En el amor y las relaciones ocurre algo similar. Y es que tener una relación sana es importante, pero también una ruptura sana.

Hemos pasado un tiempo con una persona, compartido experiencias y momentos únicos, hemos soñado una vida entera con él o con ella, y de pronto, por alguna razón, se rompen esos sueños, esa vida, ese afecto.

Cuando estas rupturas ocurren de manera traumática (entiéndase que no ha habido un periodo de desgaste previo en el que hayamos visualizado un final a medio plazo), es frecuente que surjan sentimientos de odio, y más cuando hemos tenido cierta dependencia hacia esa persona.

¿De quién fue la «culpa»?

Si «la culpa» la tuvo la otra persona, por una infidelidad, mentiras, o cualquier otra desventura, es normal que podamos sentir ira, rabia, y decepción. Preludios de que el odio está por llegar.

Pero también, si hemos sido nosotros los que hemos traicionado a ese ser querido, podemos llegar a odiarnos a nosotros mismos por haber cometido un error grave para con alguien que confiaba en nosotros.

Sea cual sea el caso, el odio parece ser la huella de un amor desatendido y pueril.

¿Cómo gestionar esas tormenta de emociones confusas?

¿Qué tenemos que hacer en ese caso?

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No creas que puedo responder a esas preguntas así de golpe en un artículo, no. La respuesta la tienes tú, ahí dentro en tu corazoncito.

El ejercicio de reflexión va para ti y para todos porque, ¿quien no se ha enamorado alguna vez? ¿Quién no ha sufrido por amor?

En las cenizas de tan maravillosa sensación pueden germinar las raíces del odio, y eso no solo impedirá que pueda surgir otro amor, sino que éstas penetrarán tan profundo en tu corazón que lo atrapará para que deje de latir como lo hacía antes.

Y sí, ¿quién no ha sido víctima también de esas tentaciones?

No nos enseñaron a amar, pero aprendimos solos. No nos enseñaron a olvidar, pero no nos queda más remedio que aprender, y además, hacerlo bien.

Si no sabes amar, no te metas

Clasificar los recuerdos con esa persona en la carpeta de la aceptación requiere de al menos cierta madurez emocional: identificación de las emociones, regulación y aceptación emocional, reestructuración de pensamientos, estrategias, autoconocimiento,… incluso, para las personas machistas, un combate intenso con su propio ego.

¿Cómo podemos mirar al pasado, echar de menos las cosas sencillas que experimentamos con esa persona, y seguir adelante como si no pasara nada?

Cuando me ha ocurrido algo así es como subir una cuesta con una gran pendiente, resbaladiza por la lluvia, y cansado y frágil como después de un largo día de trabajo.

Los primeros pasos, los primeros metros, los primeros meses, son duros y la paciencia parece que nos abandonó con los últimos besos.

«A partir de ahora, si sufres es porque quieres»

A partir del final de una relación, en realidad, tú manejas el grado e intensidad de tu sufrimiento. Entendemos que esa persona ya no está a tu lado, de manera que tanto los recuerdos como «la abstinencia amorosa«, son algo que pertenecen a tu círculo de control.

Ahora el látigo lo tienes tú, golpéate lo que quieras, pero a partir de ahora no culpes a nadie.

Lo que quiero decir con esto es que comiences, por muy doloroso que sea, a caminar hacia tu propio destino, tu interior.

Es momento de poner en orden esa ensalada de emociones y clasificarlas de manera que el resto de tu vida te conviertas en algo ligero pero cargado de experiencia.

¿Y qué pasa si conozco a alguien nuevo?

Conocer a una nueva persona puede hacer que desencadene en ti ciertos miedos, pensamientos y actitudes defensivas, o recelos y distanciamientos. Es normal.

El trabajo del duelo amoroso requiere de tiempo y reflexiones, pero no del pasado, si no del presente, del futuro próximo, para que reconozcas tus fallos, tus virtudes, y recuperes el amor hacia ti mismo/a sin odio, sin rencores, y, sobre todo, sin juzgarte.

Eso si, el amor es uno de los recursos más poderosos que tenemos para aprender de nosotros mismos, no lamentes nunca haberte enamorado.

Ahora te toca a ti, ¿aún odias a tu ex? ¿Te ha servido de algo todo este tiempo?

¿Me ayudas a compartirlo?