«No tengo ganas de nada»

Siento decirte que no eres la única persona que, en alguna ocasión, se ha sentido sin ganas, fuerza o motivación de hacer algo. A veces cometemos el error de creer que lo que nos sucede en un preciso momento es algo «raro», único y que no le sucede a todo el mundo. Y es precisamente esa actitud de juicio hacia nuestro estado emocional lo que nos preocupa, más que el simple hecho de «no tener ganas de nada».

Estamos completamente inmersos en un estilo de vida autoexigente en el que juzgamos y valoramos todo cuanto nos rodea. Es normal a veces encontrarse perdidos en la vida.

Si estamos bien nos preguntamos «¿Por qué estoy bien?», y si estamos mal, lo mismo: «¿Qué me pasa? ¿Por qué estoy mal? ¿Qué sucede?».

La reflexión constante sobre nuestro estado nos introduce en un bucle de pensamientos recurrentes que terminan convirtiéndonos en una «lavadora de pensamientos inútiles».

Vueltas y vueltas a cosas que no tienen sentido y que nos impide darnos la oportunidad de fluir, hacer lo que nos apetece, o simplemente no hacer nada.

¿Por qué no tengo ganas de nada?

Permitirnos tener un momento, un día o una semana «improductiva» es un derecho fundamental como ser humano. Si puedes permitírtelo, debes hacerlo.

En esta sociedad de consumo, la actividad constante es un mantra que nos aleja de vivir el momento presente.

Y llegamos a tal punto en el que nos sentimos culpables si un día no hacemos nada, si un día no nos encontramos con fuerza y motivación, o no cumplimos lo que los demás esperan de nosotros para ese día.

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Desde hace unos meses estoy estudiando y trabajando la compasión hacia mi mismo. Perdonar y aceptar algunas conductas que no son útiles me sirve para limar aristas puntiagudas de mi comportamiento que no me ayudan a ser mejor persona.

Cómo recuperar la motivación un día en el que no tienes ganas de hacer nada (paso a paso)

  1. Lo primero que debes hacer es evita hacer juicios sobre ti mismo o sobre tu estado emocional actual. Si no te encuentras con ánimos, no te sientas mal por ello. Date la oportunidad de un respiro. Lo primero que debes hacer para recuperar la motivación es evitar los pensamientos negativos.
  2. Para combatir estos pensamientos tóxicos busca un lugar en calma en el que durante 5 minutos no seas molestado. Haz un ejercicio de respiración y consciencia.
  3. En tercer lugar, observa los pensamientos secundarios que son, por ejemplo: qué raro que esté así, no entiendo nada, si tengo todo para ser feliz, debo terminar esa tarea o hacer tal cosa y no me encuentro con energía, … Estos pensamientos pueden existir pero no son más que un juicio sobre tu estado. Relájate y tómate unos minutos, no pasará nada, la vida seguirá estando ahí.
  4. Y por último, cuando te encuentres más relajado, haz algo neutral (como pasear prestando atención en el presente) que active centros neurales relacionas con la percepción más que con la reflexión. Intenta hacer algo que te haga sentir y dirija tus pensamientos al momento presente. Yo suelo también recurrir al deporte ya que mientras corres o vas al gym, tu cerebro presta atención a la actividad por considerarla más importante que buscar explicación a tu estado emocional.

CONSEJO: Tómate un tiempo para descansar, posiblemente hayas tenido una semana dura. Durante la siguiente hora simplemente no hagas nada. Yo, cuando me siento así, salgo a dar un paseo breve, suave, e intentando mirar cuanto me rodea focalizando la atención en cosas sencillas: el movimiento de las hojas de los árboles, sentir el viento en mi cara, escuchar los pájaros cantar, el peso de mi cuerpo con cada paso que doy, intento tocar la arena o un árbol,…

Con 30 minutos bastan.

El resultado te sorprenderá, ya que la mayoría de las veces cuando no tenemos ganas de nada es porque el lugar y momento en que lo pensamos es neutral, pobre en estímulos, algo que no nos ayuda a la acción.

¿Por qué me pasa esto?

Cuando no nos encontramos con fuerzas o ganas, suele ser por haber pasado unos días bastante estresantes y, de manera indirecta, nuestro cerebro y nuestro cuerpo nos dicen que paremos, que nos tomemos un descanso.

La parte de nuestro cerebro que se encarga del pensamiento racional, la planificación y la estrategia, se denomina lóbulo prefrontal y está encima de nuestras cejas, en la frente.

Cuando pasamos por una etapa en la que hemos hecho uso continuado de él, nos resulta muy difícil tomar decisiones acertadas y se produce la fatiga mental. Una vez aquí nos sorprende que no tengamos ganas de nada y a veces lo confundimos con tristeza o depresión.

Es por ello que debemos dejar pasar esos pensamientos y recurrir a experiencias que consistan en percibir más que en pensar, en sentir más que en reflexionar, y en vivir más que en comprender.

Aún así, existen maneras de identificar esos pensamientos y evitar pensar de manera negativa.

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